19 de marzo de 2010

El Teatro Calderón ruge con La Oreja de Van Gogh


Para papá, para mamá, para la niña pequeña y el chaval más grande. Para los altos y para los bajos. Para todos.

La Oreja de Van Gogh consiguió que sus 1.184 rojas butacas, vale, no las he contado pero sé que ese es el número, se convirtieran en puro 'atrezzo'. Vamos, que lo que normalmente es quietud y silencio en la calle Angustias anoche se transformó en un jolgorio.

A fin de cuentas, ¿quién no quiere tener un Van Gogh en su cocina, así en plan millonario? Da lo mismo que la obra sea una acuarela, una pintura, un retrato o que los colores sean plasmados con un pincel o con una espátula. El caso es que contenga la esencia del genio para así disfrutar de ella.

Pues eso es lo que define el estilo LOGV, los fans de los donostiarras ya tienen hasta siglas. Amaia ya no está... Y parece que nadie la echa de menos. Al menos durante la media hora larga de recital en la que Leire fue la gran protagonista.

Sus cuatro chicos, Xavier, Haritz, Álvaro y Pablo, se encargaron de que desde la platea hasta los palcos nada sonara extraño. Melodías reconocibles, estribillos pegadizos, cambios de ritmo... Sin necesidad de arriesgar. Apostar por lo seguro y por lo que gusta. La formación donostiarra sabe ganarse al público. ¡Ni el alcalde pudo resistirse a levantarse y dejarse llevar por aquello de «Tienes talento, cultura, manos bonitas...» y no es para menos ¡Menudo fiestón!

A pesar de llevar 'sólo' dos años con La Oreja, Leire es capaz de pasar de los ritmos casi technos de 'Europa VII', que transformó al teatro en poco menos que una de esas discotecas en las que ver amanecer, a los sonidos dulces, y que casi invitan a dormir, de 'La primera versión' en un abrir y cerrar de ojos y eso la gente, si ya de por si está entregada, lo agradece.

Estos chicos, a pesar de todo lo que ha llovido desde que empezaron, han sabido generar canciones que se han convertido en himnos que unen a generaciones diferentes y eso se nota.

Porque hay 'papis' que ayer se revolucionaron con 'Cuéntame al oído', canción que salió cuando ellos tenían 18 años, y que ahora ven como sus hijos se levantan cuando suenan los acordes de 'Más'. 12 años han pasado entre ambos éxitos, pero está claro que quien tuvo, retuvo y los chicos de Amara tienen mucho que ganar.

Complicidad

¡Aunque jugando en el equipo de Leire lo difícil es perder! Decir que la chica conquistó al público con 'Jueves' o 'Rosas' -en el mini show acústico de la noche- sería faltar a la verdad y es que la vocalista, que ya se ha hecho dueña del grupo «¡qué guapos son mis chicos!», tiene una capacidad innata para enamorar y quién diga que no salió del teatro con ganas de comprar unos bombones, ¡miente!

Miradita por aquí, saludo al fondo, besito a la niña que se sube al escenario o guiño cómplice al segundo anfiteatro fueron sus armas. ¡Y vaya si el respetable cayó a sus pies!

Pero si por lo que ha leído hasta ahora piensa que todo en el Calderón fue fiesta y jolgorio, se equivoca. La noche fue una montaña rusa con uno de esos carricoches que antes de acelerar y lanzarse hace una pausa que el corazón siente.

Tomó aire y en el único momento en el que los instrumentos callaron pronunció dos palabras que provocaron un escalofrío, un vuelco al alma y un aplauso atronador: «Miguel Delibes, esto es para el». En el lugar donde tantas veces se ha escuchado 'Cinco horas con Mario' y aunque pareciera que no encajaban las líneas del maestro, una niña de ojos azules se encargó de cantar al genio y no cualquier canción. «Dime dónde has ido, dónde esperas en silencio, amigo...».

'París' y sus versos fueron los encargados de recordar, una vez más, a Don Miguel Delibes. Fue sin duda el momento cumbre de la noche, que dio paso a un tsunami, no el de Karmele Marchante, de luces y bailes casi espasmódicos entre el público.

Volviendo a lo de la unión intergeneracional, ayer los chicos eran los que tenían que parar los pies a los mayores, que extasiados por temas como 'Inmortal', 'El último Vals' o 'El puerto' se olvidaban que había que darle al dichoso botón de la cámara para hacer la foto para el tuenti o el facebook ¡Qué hay que presumir!

Y si de algo pueden presumir los de La Oreja de Van Gogh es de sus fans. Pocos grupos habrá que sean capaces después de un cambió casi de 180 grados en la formación contar con la fidelidad de su gente, que ayer se olvidó del debate entre 'amaistas' y 'leiristas' porque a fin de cuentas, le pese a quien le pese, La Oreja de Van Gogh demostró que es mucho más que una voz.

Es un estilo, una forma de hacer música, como dice su bajista Álvaro, que año tras año se renueva pero se mantiene y es que siempre habrá gente que quiera tener en su casa un Van Gogh y si es de San Sebastián mejor...

¡Ah! y para los curiosos, 'La playa' cerró la noche.

Galería de fotos: pincha aquí.

Fuente: nortecastilla.es

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